La astronomía en el antiguo Egipto

- 31 Mar 2017

stelle egitto

A través de la observación del cielo, los egipcios lograron inventar el calendario para sus festividades religiosas y sus tareas agrícolas relacionadas con la variación del nivel de agua del río Nilo. Muchos fueron los que elogiaron a los egipcios por la precisión de su calendario, entre ellos los griegos y sobre todo Heródoto que en el IV siglo a.C. manifestó toda su satisfacción.

La astronomía egipcia da origen a otras curiosidades ya que no sabemos cuántos calendarios había en Egipto y que origen tenían o cómo evolucionaron en el tiempo. Seguramente, podemos decir que el calendario fue un elemento de conexión con el interés que tenían los egipcios por las estrellas y el estudio del firmamento. Sabemos muchas cosas de los egipcios y de sus costumbres porque tenemos muchas fuentes jeroglíficas que nos explican inscripciones en los monumentos, el utilizo de instrumentos astronómicos y los papiros o los relojes estelares.

También los hallazgos arqueológicos han dado a los estudiosos otras pruebas de la importancia astronómica para los egipcios sobre los conocimientos y los motivos de sus monumentos como las pirámides y las tumbas. A este estudio se dedica la Misión Hispanoegipcia de Arqueoastronomía fundada en 2003. Los estudios sobre la astronomía en Egipto remontan al menos al 4.000 a.C. durante la época neolítica, de hecho, en la zona de Nabta Playa se han encontrado piedras alineadas con la intención de construir un templo y dar cierta importancia al solsticio de verano, que sería el día más largo del año y que probablemente representaba un punto de referencia temporal para la astronomía egipcia.

El estudio del calendario lunar

Durante la dinastia segunda, bajo el reinado de Hotepskhemuy y Nebre se desarrolló el culto solar y fue precisamente en este periodo que el calendario civil de 365 días evolucionó. El estudio del cielo y de la astronomía estuvo siempre relacionado con la religión, puesto que los mejores hallazgos astronómicos se hallaron en tumbas y templos. Muchos de los astrónomos egipcios eran sacerdotes que generalmente se dedicaban también a otras profesiones. Los egipcios crearon un calendario que les permtía conocer el nivel de crecimiento del Nilo, pero incluso la observación de las estrellas se pudo saber con bastante excactitud los momentos de inundación del río que daba relevancia a todo el sistema productivo. Los egipcios fueron los primeros en utilizar un calendario de 365 días que algún tiempo después fue utilizado por Ptólomeo y siglos más tarde por Copérnico. Siempre ellos inventaron el sistema de 24 horas que todavía se utiliza.

Es opinión común creer que el inventor del calendario civil fue el arquitecto Imhotep que con su colega Senenmut construyó la pirámide escalonada de Djoser y el templo de la reina Hatshepsut en Dehir el-Bahari. El único astrónomo del que se conserva un retrato fue Anen, hermano de la reina Tiyi. El calendario egipcio estaba formado por doce meses de treinta días con 360 días en total. Además de estos, se añadían cinco días más dedicados a las deidades Osiris, Isis, Set, Neftis y Haroeris en los cuales los dioses se creía habían nacido. Estos días se consideraban aparte del año general.

Para los egipcios tenía una importancia notable la estrella Sirio, que ellos llamaban peret sopted, cuando aparecía en el horizonte este fenómeno suponía la crecida del Nilo, un evento de enorme importancia social y económica. Con el calendario de 365 días, la fecha del Orto de Sirio se retrasaba un día cada cuatro años.

¿Cómo organizaron los egipcios su calendario? Muchos estudiosos han avanzado su propia tésis sobre el origen del calendario civil egipcio, algunos dicen que presenta un origen solar, otros estelar y lunar. Sin embargo, parece que el Nilo tuvo cierta influencia en la formación del calendario. En el antiguo Egipto las poblaciones del Valle del Nilo utilizaban calendarios de origen lunar determinados por las fases del Nilo que daba el nombre a las tres estaciones en las que se dividía el año: Inundación, Resurgir y Sequía.

Pero después de la unificación del país hacía falta un calendario que fuera válido para todos. Muchos estudiosos han afirmado que el origen del último calendario civil tenía que ver con la aparición de Sirio, mientras parece más probable que el calendario estaba relacionado con las observaciones solares, y presentaba un número de días muy cercano al del año del trópico, es decir de 365,2425 días.

Es casi cierto que el calendario civil fuera el más difundido en el antiguo Egipto, representando el instrumento estándar de medición del tiempo para todas las actividades sociales, hasta la llegada en Egipto de Alejandro Magno y de los persas. Sólo para algunas festividades se utilizaron como punto de referencia las fases lunares, como sucedía en el antiguo Egipto, de la misma manera que ocurre en el calendario moderno con la fecha de la Pascua. El calendario egipcio presentaba tres estaciones que duraban cuatro meses, cada uno compuesto por treinta días y cinco días epagómenos.

El calendario civil fue el oficial en Egipto hasta la llegada de los Romanos, que lo sostituyeron con el calendario alejandrino que presentaba un día más cada cuatro años. Sin embargo, en el 46 a.C. Julio César utilizó otra vez el calendario egipcio que se mantuvo hasta la reforma gregoriana en 1582. El calendario egipcio tuvo una importancia notable durante el reinado de los diferentes faraones, a pesar de que cada estudioso del antiguo Egipto cuenta con un sistema cronológico diferente, cada uno con sus rasgos peculiares.

La importancia de la estrella Sirio: el orto helíaco

De todas formas las fechas astronómicas son las basadas en la estrella de Sirio y de su orto helíaco, que los griegos llamaban Sothis. Algunas descripciones de los reinados de Sesostris III y Ramsés II permiten conocer las fechas de los imperios Medio y Nuevo. La primera cita: “Te informo que la salida de Sirio tendrá lugar allí en IV peret 16”, mientras que la segunda dice: “Año 52, segundo mes de peret, día 27 en la casa de Ramsés Meriamón, o Piramsés”.

Se puede notar que las fechas suelen incluir el año del reindado del faraón, la estación, el mes y el día, además de añadir informaciones de que aquel día era el del orto helíaco de Sirio o del novilunio. Los estudiosos consideran estas informaciones para determinar con exactitud el año exacto al que se refieren las descripciones, aunque entre las dataciones de los estudiosos haya diferencias de años e incluso de siglos.

Como sucedió en muchas culturas antiguas, la astronomía egipcia se desarrolló para determinar los periodos del año más propicios para la agricultura. Ya hemos dicho que el calendario egipcio estaba compuesto por doce meses de 30 días cada uno y cinco días añadidos al final del año. Es el calendario que, con alguna variación, seguimos actualmente, además de ser el calendario de la iglesia ortodoxa copta.

De todas formas, los egipcios fundaron otro calendario basado en el orto héliaco, es decir, la aparición de un cuerpo celeste después de un largo período, el objeto era la estrella de Sopdet que podemos reconocer como la estrella de Sirio. La estrella aparecía en el cielo poco antes de que el nivel del Nilo creciera.

Otro rasgo principal de los egipcios fue la construcción de las pirámides que se alineaban con la estrella polar, como ocurre con la pirámide de Guiza. La sombra producida por las pirámides permitían a los egipcios de calcular el comienzo de las estaciones durante todo el año. También la pirámide de Amor-ra en Karnak estaba construida y alineada de tal manera que el templo estaba dirigido hacia la salida del sol en el solsticio de invierno.

En Abu Simbel Ramses II hizo construir en su honor un templo de tal manera que la luz del Sol llegaba en el interior del santuario el veinte de octubre y el veinte de febrero de cada año, creyéndose que una de las dos fechas representara el día de su coronación.

Durante la decadencia del antiguo Egipto, su civilizacíon fue sustituida por los griegos y los romanos, sin embargo la ciudad de Alejandría fue uno de los centros astronómicos más importantes, con la fundación de su Biblioteca importantísima. En Alejandría nació Claudio Ptolomeo que además de formular la teoría geocéntrica compuso el Almagesto, con una lista de las estrellas hasta entonces conocidas.

Si hablamos de la cosmovisión egipcia del universo podemos decir que ellos creían que sus dioses habitaran las estrellas formando la mayoría de las constelaciones. La de Orión, por ejemplo, representaba al Dios de la muerte y del más allá Osiris, mientras la Vía Láctea era la diosa Nut que a su vez era la madre del dios del Sol, Ra. Las estrellas, generalmente, eran la representación simbólica de la diosa de la escritura, Seshat, en cambio la Luna era Jonsu, es decir, “el Viajero”.

Muchas de las tumbas de los faraones enseñan mapas estelares, que representan a las varias constelaciones con el fin de que el soberano, con la ayuda de la mapa no se perdiese en el firmamento. Los egipcios dedicaron una especie de himno al dios del Sol, Ra, que veneraban y que en realidad estaba representado por varios dioses según su posición en el cielo. En la mañana el Sol naciente era representado por Horus, hijo de Osiris e Isis, mientras que el dios Ra era el de mediodía, en fin el dios de la noche Atum, que lleva a los faraones de las tumbas a las estrellas.

Cuando había la puesta del Sol, los egipcios veían el Sol morir con su color rojo sangre en el atardecer. De esta manera el Sol se convirtía en Osiris, deidad de la muerte y del renacimiento, todo esto estaba relacionado con la idea de la inmortalidad. Orión en la mitología egipcia era un dios bastante importante, junto con su cinturón estelar que simbolizaba la puerta del más allá.

El estudioso Robet Bauval descubrió que las tres piramides de Giza estaban exactamente alineadas con las tres estrellas que formaban el cinturón de Orión. Fueron los egipcios que crearon uno de los primeros calendarios de la humanidad, que se basaba en las fases lunares y el año tenía 354 días. Después, siempre los egipcios perfeccionaron su calendario que tenía en cuenta el nivel de agua del Nilo.

El año comenzaba con la aparición de la estrella Sirio en el cielo nocturno que coincidía con la inundación del río Nilo. Mientras que el calendario estaba formado por doce meses de treinta días dividido en tres periodos: Akhet, es decir, el periodo de la inundación, Peret, la estación de la siembra y en fin Shemou, el tiempo de la cosecha, además de cinco días para venerar a los dioses. En los tiempos pasados, como se puede ver, las antiguas poblaciones daban mucha importancia a la observación del cielo, y hoy en día cuando miramos al cielo deberíamos pensar a las civilizaciones antiguas y a la influencia que tenía el cielo para ellos.

La astronomía del antiguo Egipto no se diferenciaba mucho de las otras civilizaciones antiguas, porque se definía como un conjunto de creencias místicas y de descubrimientos científicos. El cielo estaba representado por una diosa mujer Nut, con el cuerpo de mujer que se extendía como para abarcar todas las estrellas, mientras que Geb simbolizaba la Tierra y constituía un soporte por la diosa Nut.

Amon-Ra era el dios del que atravesaba el cielo en su barca. Su templo se construyó en Karnak y curiosamente tiene una orientación alineada con la salida del Sol en el solsticio de verano. Las mismas orientaciones las tienen las pirámides que se edificaron 3.000 años antes de Cristo en una población que tenía conocimientos astronómicos probablemente inferiores a los babilonenses.

Las deidades en las estrellas y la cosmovisión egipcia

Como ya hemos mencionado anteriormente, el calendario egipcio se basaba en los movimientos lunares, pero hacia el 2.000 a.C. se arregló al movimiento del Sol en el cielo. El año según el calendario solar se dividía en doce meses de treinta días y cinco adicionales que se llamaban Epagómenos. El año de los egipcios se dividía en tres temporadas, es decir, inundación, siembra y cosecha, además inventaron y fabricaron instrumentos astronómicos como el reloj del Sol, el reloj de agua y el Merkhet que servía para conocer la posición de las estrellas en el cielo.

Los egipcios conocían cuarenta y tres constelaciones y organizaron el cielo en treinta y seis decanos. El decano estaba formado por cuarenta minutos, con los cuales los egipcios trataban de arreglar sus relojes. Los decanos nocturnos eran dieciocho que multiplicados por los cuarenta minutos de duracíon llevan a las doce horas modernas.

Hacia el año 2.700 a.C. los egipcios basaron su calendario en el levantamiento helíaco, es decir la salida en el horizonte de la estrella Sotkis que nosotros conocemos como Sirio, perteneciente a la constelación del Can Mayor. El estudio de los sacerdotes que eran astrónomos los llevó a calcular el Gran Ciclo de Sotkis donde se repetían las mismas condiciones de aparición de las estrellas en el cielo y la fecha de inicio de las estaciones climáticas con una duracíon total de 1.461 años solares.

El Sol, la Luna y los cinco planetas conocidos representaban los siete objetos astronómicos que influían y gobernaban los días de la semana. La importancia del Nilo y otras creencias de los egipcios tenían cierta importancia en todas las actividades que ellos ejercían. Se sabe que construyeron las tumbas de los faraones, es decir, las pirámides en el lado oeste del Nilo, mientras que los templos dedicados a las deidades surgían en el este.

Antes de la dominación romana se sucedieron en Egipto alrededor de cuarenta faraones y treinta dinastias. Gracias a ellos heredamos el calendario solar que Julio César y los romanos pasaron al Occidente. Algunos textos cosmogónicos procedentes del antiguo Egipto, hablan de un universo precreacional oscuro y silencioso, sin tiempo ni espacio descrito con adjetivos que hacen referencia al “nun”, es decir, el no ser, una manera para intentar de explicar conceptos abstractos. En el contexto del “nun” apareció la fuerza vital del Dios Atum que creó los demás dioses y el “benben”, la colina que marca el primer espacio y el comienzo del tiempo en un mundo hasta entonces inerte, en silencio y oscuro.

Nacieron las divinidades relacionadas con el aire y la atmósfera representadas por Shu y Tefnut, con la guerra (Geb) y con el cielo (Nut). Tierra y cielo se separaron al levantarse la diosa Nut, dejando al dios Ra un espacio lejos del mundo terrestre. Según los libros sagrados el Nun y el Dios primordial se vuelven a encontrar al final del universo, como lo hicieron al principio de éste. Tiene cierta relación con la idea del universo cíclico la imagen de la serpiente que se muerde la cola que tiene sus raíces precisamente en el antiguo Egipto.

Entre el mundo terrestre y el “nun”, los egipcios creían que había otro nivel que se encontraba en el cuerpo de Nut y que llamaban “duat”, un lugar que aunque era desconocido los egipcios trataban de describir. Era en el “duat” por ejemplo que el Sol se ocultaba en las horas nocturnas y donde muchos de los difuntos dimoraban. La cosmovisión egipcia se reflejaba en la construcción de los templos, ya que su mitología contaba la historia de un halcón sagrado que volaba y se posó sobre un junco que había en la colina primordial. En el lugar se decidió eregir un muro que fue la etapa inicial de la construcción del primer templo.

Las paredes exteriores del templo representan las aguas del “nun”. En aquella época los muros se construían con adobe en hiladas que daban al muro el aspecto de las aguas primordiales, para indicar que hasta la pared del templo dominaba el caos del “nun”, mientras que en el interior había una visión de los cosmos. En la entrada había una puerta rodeada por dos torres que recordaba la estructura del “akhet”, el jeroglífico que mostraba el horizonte donde se levanta el Sol cada día, insistiendo en la idea y la permanencia del orden creado sobre el caos.

 

 

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