La revolución copernicana

01 May 2017

OSR blog post

Nicolás Copérnico fue un astrónomo polaco famoso por haber introducido la teoría heliocéntrica del sistema solar, por primera vez concebida por el astrónomo griego Aristarco de Samos. El estudioso no publicó su obra hasta 1543, año en el que murió. Su obra fue incluida en el Index librorum prohibitorum años después de su muerte.

Nicholas Copernicus: Life and work of a revolutionary

Copernicus worked for almost twenty-five years on his heliocentric theory that the scholars of the time did not want to accept since this constituted a scientific revolution. However, he was not only an important astronomer but was considered a mathematician, jurist, Catholic clergyman, military leader and economist. Due to his importance, in 1935 a lunar crater was named after him.

His theory, together with his defense of the heliocentric theory, was not published until his death since many of his books, such as those of Galileo, were part of the Index librorum prohibitorum.

He began his studies at the University of Krakow before traveling to Italy where he studied Law, Medicine, Greek and Philosophy. In 15oo he went to Rome where he studied Sciences and Astronomy, but a year later he returned to his country as a canon, a position he held in the Frauenburg Cathedral.

He returned to Italy after a few years to study Law and Medicine in Padua but in 1523 he returned to Poland practicing medicine, other administrative positions and devoting himself to his astronomical entertainment. He died in 1543 in Poland, only in 2005 a team of scholars claimed to have found his remains which were analyzed confirming his veracity.

Copernicus, sources say, was more concerned about the reaction of the scientific community to his theories than about how the religious world would respond. He was convinced that celestial movements are eternal and circular and that they present cycles, he defended the idea that the Sun represented the center of the universe, he theorized that it is the planets that revolve around the Sun and that the stars are bodies that do not move and therefore they do not orbit around the Sun. He hypothesized that the Earth presented three movements, that is, the daily rotation, the annual rotation and the variable inclination of its axis. In short, he believed that the distance between the Sun and the Earth is much smaller than the distance between the Earth and the other stars.

His most important work is “De revolutionibus orbium coelestium” that is, “On the revolutions of the celestial spheres”, which was published after his death in 1543, although many of the things he describes in this work were already introduced in a small book titled “De hypothesibus mootum coelestium a se constitutis commentariolus” which is very precise and rich in information.

As for his heliocentric theory, it is actually known that it was first theorized by Aristarchus of Samos, an important Greek astronomer whom Copernicus never names in his work. What the Polish astronomer proposed revolutionized the hitherto widespread theory of a closed universe with man at the center, instead of an infinite cosmos located around the Sun.

Copernicus knew that by publishing his ideas he would have problems with the church and unfortunately he became ill and died before the publication of his work. In 1539, while he was working on the work he arrived at Frombork Georg Joachim Rheticus, a mathematician who soon became Copernicus’ pupil and after reading his manuscript sent a summary of his theories to his astrology professor. in Nuremberg.

This summary soon became a book published in 1540 in Danzig. Encouraged by his followers, Copernicus finally decided to publish the first edition of the “De revolutionibus” in 1543, stating that if his astronomical theories had been accurate, they could help the church in the formation of a more adequate and exact calendar. .

The work was divided into six parts: in the first the astronomer explains his conception of the world and tries to expose his heliocentric theory; in the second part he presents the arguments of spherical astronomy and gives a list of the stars; The third is dedicated to the apparent movements of the Sun, in the fourth he describes the Moon and its movements, in the fifth and sixth he tries to explain his new system.

La obra de Copérnico se pone como revolucionaria en una época todavía relacionada con el mundo antiguo. Pese a eso, en sus escritos podemos encontrar algunas ideas conservadoras, como el concepto de la circularidad y de la uniformidad, pero vemos también que se pierde la visión teológica del mundo junto al hombre que ya no se encuentra en el centro del universo, sino que es sólo una parte de ello, como cualquier planeta.

Toma importancia la idea de la razón del hombre que le permite participar en el conjunto del universo. La razón humana puede controlar y dominar la naturaleza, el hombre construye a través de su capacidad creencias e hipótesis comparándolas con su entorno, para ver si son verdaderas o no. La obra de Copérnico se define revolucionaria ya que el autor vuelve a discutir todas las ideologías anteriores a las suyas considerando todos sus descubrimientos, como la variabilidad de los movimientos solares y lunares que no se pueden establecer con seguridad, puesto que los círculos que se utilizan eran a veces homocéntricos, excéntricos y epiciclos.

Hacia el final de la obra Copérnico explica que en el pasado las reglas que se utilizaban en astronomía no eran exactas ya que se basaba en principios no seguros y que por lo tanto se hablaba de métodos incompletos. Las teorías de Copérnico a las que se oponen las anteriores a él hacen referencia a la creación de círculos más racionales y que el heliocentrismo no es una premisa sino una conclusión, además rechaza los ecuantes, es decir, los mecanismos que sirven para la contabilización de las variaciones de velocidad en los movimientos de los planetas.

Acepta de cambiar hipótesis defendiendo la idea de que no es el Sol que se mueve sino la Tierra que presenta distintos movimientos como la rotación, la traslación y la declinación que explica los equinoccios. A este propósito plantea la cuestión del centro del universo, afirmando que la Tierra no se encuentra al centro del universo y que no existe un centro único de todas las esferas celestes.

Las esferas que se conocen, según Copérnico, giran en torno al Sol y el Sol se encuentra cerca del centro del universo. Acerca de las estrellas descubre que se sitúan a una distancia mayor de la que se pensaba anteriormente y que todos los movimientos que tienen lugar en la esfera celeste no son realizados por las estrellas sino por la Tierra que se mueve y que en un día cumple una vuelta completa, mientras que las estrellas están inmóviles. Igualmente los aparentes movimientos del Sol no son realizados por él, sino siempre por la Tierra que como los otros planetas giran en torno.

Por lo tanto se ve que el movimiento de la Tierra explica muchas cosas que ocurren en el Universo, intentando eliminar las viejas concepciones de las esferas celestes y de los ecuantes. A pesar de todo, Copérnico no fue el primero que señaló la centralidad del Sol. De hecho, ya Aristarco de Samos ya en la antigua Grecia defendía su idea de que la Tierra y todos los demás planetas giran alrededor del Sol. De todas formas, las teorías más difundidas en su época eran la de Ptolomeo que veían la Tierra quieta y el Sol y los otros planetas girando en torno. Pero, durante sus estudios y observaciones Copérnico encontró algunas fallas en el pensamiento de Ptolomeo y pensó que la Tierra se movía dando una vuelta sobre sí misma en un día y al mismo tiempo girando en torno al Sol.

Las observaciones de Copérnico no contaban con la ayuda del telescopio que en su época todavía no existía. Es probable que él pasara enteras noches a observar los astros en la torre en las montañas donde vivía, siguiendo a leer las obras antiguas y comparándolas con sus cálculos y apuntes. Fue Copérnico quien construyó las bases de la moderna astronomía que fue estudiada sucesivamente por Galilei, Brahe, Kepler y Newton.

Las teorías copernicanas y la Iglesia

La iglesia criticaba a Copérnico por sus ideas revolucionarias, por decir entre otras cosas que la Tierra no se hallaba en el centro del universo. El mismo Galileo que defendía la tesis copernicana fue criticado por su ideología que quedó prohibida. La idea desarrollada por Copérnico y Galileo tomó importancia durante la época de Newton que en el siglo XVII teorizó la ley de gravedad. Hasta Martin Lutero en el siglo XV había acusado a Copérnico de falsedad y de querer subvertir el arte astronómica.

Nuestros antepasados fueron los que querían explicar el movimiento de los cuerpos celestes y el movimiento aparente de los planetas. Según muchos era imposible que unas esferas perfectas no tuvieran un movimiento igual e uniforme. Dos estudiosos como Eudoxo y Calipo utilizaron el sistema de las esferas concéntricas que de todas formas no lograba explicar los movimientos de los planetas. El principio de concentricidad que querían demostrar no era admisible y por eso recurrieron al sistema de los epiciclos que fueron aceptados por la mayoría de los estudiosos.

Las ideas teorizadas por Ptolomeo y otros astrónomos no convencían completamente aunque presentaban algunos rasgos comunes a otras ideologías. Según creía Copérnico no había ningún centro de gravedad de todos los círculos y esferas celestes, y la Tierra no es el centro del universo. Copérnico defendía la idea que todos los planetas giran en torno al Sol y que por este motivo el Sol es el centro del universo. Además, las teorías copernicanas establecían que los movimientos que se ven en el cielo no dependen de él, sino de la rotación de la Tierra y lo que puede ser movimiento del Sol, no lo es ya que proviene siempre del movimiento de la Tierra que gira alrededor del Sol como hace cualquier planeta.

El universo según Copérnico se compone de esferas, la primera es fija y es la de las estrellas la cual las contiene y le da ubicación. El primer planeta es Saturno después del cual se encuentra Jupiter, Marte y la Tierra, por último se ven Venus y Mercurio. Según el orden en el que se ponen los planetas, cada uno presenta una velocidad de rotación diferente, por ejemplo Saturno en su revolución completa dura treinta años, Jupiter doce, Marte dos y medio y la Tierra uno, mientras Venus lleva nueve meses y Mercurio tres.

Nuestro planeta, según decía Copérnico, tiene tres movimientos: el primero forma un grande círculo alrededor del Sol, con este movimiento parece que el Sol se mueva como si la Tierra se encontrara en el centro del universo. El segundo movimiento es la rotación de la Tierra en torno a los polos, debido a esta rotación el entero universo parece girar rapidamente. El tercer movimiento es el del eje terrestre que no resulta ser paralelo al eje de la rotación, pero los dos están en relación ya que forman un ángulo con una porción de la circunferencia de veintitrés grados y medio.

Al comienzo del siglo XVI las leyes de la cosmología anteriores a Copérnico proponían un universo geocéntrico donde la Tierra se encontraba en el centro del universo sin moverse, rodeada por esferas que giraban a su alrededor. Partiendo de la Tierra e yendo hacia el exterior se encontraban la Luna, Mercurio, Venus, el Sol, Marte, Jupiter, Saturno y por último la esfera que incluía todas las estrellas fijas. Era opinión común pensar que esta esfera era la que generaba los equinoccios. En aquella época resultaba bastante complicado explicar el movimiento aparentemente retrógrado de planetas como Marte, Saturno y Júpiter, ya que el movimiento de estos planetas parecía que se detenía en algunos momentos antes de moverse en sentido contrario.

Los estudiosos de aquella época intentaron explicar aquel fenómeno afirmando que los planetas giraban en un círculo llamado epiciclo cuyo centro giraba en torno a la Tierra, proyectando una trayectoría conocida como deferente. Según Copérnico la Tierra giraba sobre si misma una vez al día, mientras que giraba alrededor del Sol en un año, además de inclinarse sobre su eje durante la rotación. A pesar de eso, Copérnico defendía algunas ideas antiguas como la existencia de esferas que a su vez contenían a los planetas y por último una esfera exterior donde se situaban las estrellas fijas. La teoría que proponía Copérnico, conocida como heliocéntrica describía el aparente movimiento retrógrado de Saturno, Marte y Júpiter y que planetas como Mercurio y Venus no se podían alejar nunca de una cierta distancia del Sol.

Copérnico llevó un nuevo orden de alineación de los planetas que dependía de sus periodos de rotación. El estudioso se dio cuenta que los planetas con un radio de la órbita mayor tardaban más que los demás en dar la vuelta alrededor del Sol. El hecho de que la Tierra se moviera se difundió pero no era fácil creerlo, aunque la idea de Copérnico fue parcialmente aceptada. Copérnico no contaba con muchos seguidores ya que fue objeto de críticas sobre todo por parte de la iglesia, mientras que dos de los seguidores más importantes fueron Galileo y el alemán Kepler.

Mientras que el astrónomo danés Brahe sostenía la idea que la Tierra era estática a diferencia de los otros planetas que giraban alrededor del Sol, éste último giraba alrededor de la Tierra. En el siglo XVII se difunden con éxito las teorías de la fuerza de gravedad de Isaac Newton y muchos estudiosos de Francia, Reino Unido, Paises Bajos y Dinamarca aceptaron las ideologías copernicanas. Mientras que algunos pensadores de otros paises europeos siguieron rechazando a Copérnico durante un siglo más.

A pesar de las críticas que venían de la Iglesia, Copérnico se demostró siempre fiel a las doctrinas católicas. De hecho un tío suyo fue obispo y se ocupó de su formación que comprendía estudios de astronomía y medicina además de la licenciatura en derecho canónico. El intervalo de tiempo que hubo desde la creación de la teoría heliocéntrica hasta su publicación fue bastante largo, probablemente por la reacción negativa que podía tener la Iglesia por sus publicaciones. No faltaron las voces que animaron a Copérnico para la publicación de sus teorías como la del Cardenal de Capua, aunque curiosamente fue el mismo Copérnico a dedicar su trabajo al santísmo señor Pablo III en aquel entonces obispo de Roma.

In fact, if the publication of Copernicus’s work had been presented as a set of calculations without any pretension of reflecting reality, the Church would not have put any obstacles since what Copernicus proposed from a mathematical point of view was simpler than the Ptolemaic model, with greater simplicity in the calculations. All this was explained by the editor of the work, Andreas Osiander, in the first pages of the work where the question of the truth about Copernicus’ theories is left to the philosophers who will probably not discover it either since it is reserved for the divinity. The astronomers of that time did not believe Copernicus until the 17th century, apart from two of his famous defenders who were Kepler and Galileo.