La astronomía en los pueblos precolombinos: los Aztecas

25 Jun 2016

dios azteca National Museum of Anthropology, CC BY-SA 4.0, via Wikimedia Commons

El reino de los aztecas se desarrolló a partir del siglo X, sin embargo el período de su máximo esplendor fue entre los siglos XIV y XVI, hasta la venida de los conquistadores de Hernán Cortés que impusieron paso a paso su cultura.

Los aztecas no fueron solo especializados en astronomía y en la formación de calendarios, sino que incluso en la meteorología a la que aplicaban sus conocimientos astrales útiles para actividades como la siembra y la cosecha.

Pese a esto la astronomía azteca tenía un papel de primer orden en su civilización, ya que, según las creencias aztecas, (ver artículo), los planetas y el comportamiento de las estrellas influenzaban sus costumbres y sus formas de vivir.

El destino del cielo y de la Tierra eran controlados por la voluntad de los dioses Ometecuhtli y Omecihuatl y el comienzo y el final de las eras cosmológicas se relacionaban con los cataclismos. A su vez, las eras se identificaban con distintos soles, el primer de estos era el del Jaguar (Nahui Oceloti), que los aztecas describían como un mundo donde los gigantes eran los únicos habitantes, derrotados después por los jaguares.

¿Qué conocimiento tenían los Aztecas sobre el Sol y la Luna?

El segundo Sol era el del Viento, conocido como Nahui-Ehécati y fue destruido por un huracán; mientras que el tercer sol se llamaba Nahui-Quiahuitl y la causa de su fin fue una lluvia de fuego. El cuarto Sol, Nahui-Ati fue inundado por una tremenda tormenta. El quinto y último Sol, es decir, Nahui-Ollin que significa movimiento, desaparecerá como consecuencia de movimientos terrestres.

La astronomía azteca se basaba en el famoso calendario constituido por un bloque de piedra decorado; algunos estudiosos lo remontan alrededor del año 1479. En el monolito se contan cuatro círculos distintos, y en el centro destaca la figura del Dios Sol, Tonatiuh, con un cuchillo en la boca.

Alrededor del rostro del Dios, aparecen los cuatro soles o eras de forma cuadrada, a los lados del quinto sol, colocado en el centro. En el círculo externo se ven separadas veinte áreas, tantas como los días que iban a formar cada uno de los dieciocho meses del calendario azteca.

Si vamos multiplicando los dos, el resultado de los días totales en el año azteca es de 360, a los que se añadían cinco días más llamados Nemontemi o días de sacrificio.

El calendario de los aztecas se conocìa con el nombre de Piedra del Sol, donde en el centro hay una imagen del dios Sol rodeado por cierta simbología que usaban los aztecas en astronomía, un conjunto de seres vivos y elementos de la naturaleza que representan las estaciones y los días del mes azteca. En la astronomía de los aztecas el año estaba compuesto por 18 meses y cada mes contaba 20 días, aunque los expertos decían que el año contenía 365 días en lugar de 360, los cinco más se llamaban «Nemontemi» que se puede traducir como «días del sacrificio».

¿Pero, cómo explicaban los aztecas la sucesión del día y la noche?

El día y la noche y en particular su sucesión, se explicaban por una serie de luchas que afectaban a los dioses del cielo: el sol naciente representado por Huitzilopochtli y la Luna, o sea, Coyolxauhquì. Pues, durante el día, cuando la Luna y las estrellas son casi imposibles de ver, los aztecas creían que el dios Sol mataba a la diosa de la Luna.

La arquitectura y la astronomía azteca simepre han sido relacionadas, ya que durante su reino poderoso, los aztecas construyeron también observatorios astronómicos, en los que efectuaban observaciones y estudios sobre las rotaciones de los planetas y las revoluciones sinódicas del Sol. Además, ellos fueron los primeros estudiosos de eclipses solares, lunares y de los cometas.

Pero, no hubo sólo observatorios, sino pirámides construidas en honor del Sol, de la Luna y de las estrellas. Encima a estas construcciones se realizaban sacrificios para los dioses del firmamento que garantizaban la vida y la serenidad en la tierra. La tarea de las observaciones era una peculiaridad de los sacerdotes, capaces de descifrar su significado y realizar los calendarios.

Las observaciones se realizaban sobre todo en los templos, que generalmente se presentaban como lugares sagrados donde sólo tenían acceso los nobles y los sacerdotes, que se consultaban entre sí acerca del significado misterioso de los astros. Desde los templos se controlaban la salida y la puesta del Sol y de la Luna.

Como la mayoría de las poblaciones antiguas, los aztecas empezaron a utilizar el término de constelación para referirse a un conjunto aparente de estrellas. Mientras que los cometas, por primera vez, se definían como las estrellas que humean.

Todo lo mencionado nos hace entender lo importante que era la astronomía en la cultura azteca, además de presentar todos los conocimientos avanzados que tenía esta población y el alto nivel que alcanzaron sus estudios, logrando crear un sistema bastante complejo que poseía una notable influencia en la vida humana.